“Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”
Mateo 28:19-20
Prácticamente todos conocemos el lácteo llamado 1+1, y muchos de nosotros nos hemos deleitado con este alimento en algún momento. Tan conocido es que sorprendentemente hoy muchos se siguen riendo y haciendo reír a costas de este producto. Con mucha risa me acuerdo del último chiste que escuché sobre el 1+1, en el Festival de Viña del Mar, cuando Stefan Kramer imitando a Ricardo Arjona dijo “me enseñó que uno más uno (en vez de decir “son mucho más que dos”, dijo...) es un excelente cereal para comenzar el día”, y así muchas otras bromas con este lácteo son algo así como un clásico en nuestro días.
Me llama profundamente la atención lo simple y cotidiano que puede ser el evangelio. Todos conocemos la respuesta de 1+1: ¡Soprole! Pero no todos conocemos un 1+1 ¡Iglesia! Cuando Jesucristo aparece a sus discípulos después de resucitar, les habla de este esfuerzo: comprender que el verdadero evangelio está lejos de ser complicado, lejos de ser trivial, lejos de todas las formas que nosotros le imponemos para justificarnos a la hora de vivir desligados de la simple y potente acción del evangelio.
Jesús está encomendando una misión transversal a todos los que han creído en Él. IR y hacer discípulos es la tarea más importante de nosotros como hijos de Dios; vivir y transpirar el evangelio es imprescindible en Su pueblo y saber que 1+1 significa la real dimensión de ser iglesia, es nuestra tarea y tiene que ser cotidiana.
Tu misión en esta vida es hacer discípulos, pero ¿cómo lo vas a conseguir? La estrategia 1+1 es un buen comienzo. Hazte responsable por una persona, ora por ella, visítala, comparte con ella, invítala a tomar once y comienza una relación de amistad con ella. Si necesita ser escuchada, escúchala como el Señor te escucha a ti y mantente orando para saber qué decir. Si necesita reírse, comparte, ríe, disfruta con ella el gozo del Señor. Si tiene que llorar, abrázala, háblale del consuelo que Dios da y de la paz que Cristo ofrece. ¡Eso es buscar discípulos! Entablar un relación real para después compartir el evangelio, enseñándole que guarde el nombre de Dios y sus mandatos. Después de un tiempo vas a ver que esa misma persona querrá hacerse responsable por otra, y al mismo tiempo tú buscarás a otra más, ensanchando el círculo y participando con Cristo en la obra de que el Reino de Dios avance. ¿Desde dónde avanzará? ¡Desde tu vida cotidiana!
Responde una cosa: ¿a cuántas personas estás discipulando hoy? ¿Con cuántas has entablado una relación real y edificante? ¿Cómo se te conoce en tu comunidad? ¡Es tiempo de que aceptes el desafío 1 + 1 = ¡iglesia!, para que el Reino de Dios avance y tú seas partícipe feliz de eso!
Carlos Israel


Carlos Israel

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