Al comprender el Bautismo como signo y sello del Pacto, debemos recordar que la promesa de éste no era tan sólo para los adultos. Dios demandó que los niños de ocho días de edad debían ser sellados por el Pacto de Dios con Abraham. Francis Schaeffer señala.
“Al aplicarse esta señal a los bebés varones en el Antiguo Testamento, la circuncisión era todavía primariamente espiritual y no solamente nacional. La señal fue aplicada no solamente a Isaac quien era el solo representante de la bendición racial, sino también a Ismael. Deuteronomio 30:6 hace claro que la circuncisión del niño era ante todo espiritual tal y como lo era la circuncisión del adulto: “Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas”
Por lo tanto, es lógico que en la promesa del Pacto, por extensión, también formaran parte los niños recién nacidos, pues también pertenecen a la familia del Pacto y no nacen separados de la alianza. Ellos también tienen comunión con el Señor y son personas que necesitan de Su gracia. En este sentido Hermann Bavinck nos dice:
“Específicamente el bautismo es una señal y un sello del perdón de pecados (Hechos2:38; 22:16) y de regeneración (Tito 3:5) al ser una persona incorporada a la comunión con Cristo y su iglesia (Romanos 6:4). Por lo tanto, el bautismo es ministrado, no solamente a los adultos que fueran ganados para Cristo a través de la obra misionera, también a los hijos de los creyentes, pues ellos, juntamente con sus padres, están incluidos en la alianza de la gracia, pertenecen a la iglesia (1 Corintios 7:14) y poseen comunión con el Señor”
En el Nuevo Testamento no parece haber complicaciones respecto al tema: hay una clara transición desde la Circuncisión hacia el Bautismo por parte de los ahora ex–judíos. Pedro lo explicita en su predicación relatada en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde encontramos lo siguiente:
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”
Para Pedro la promesa del Espíritu Santo es también para los niños. En Su nombre, junto al del Padre y del Hijo, los menores son bendecidos con las promesas hechas a Su pueblo. El Bautismo no es solamente para las personas adultas sino también para los niños, en función de la fe de los padres y de la iglesia a la que pertenecen.
Creemos en el Pacto que vemos desde el Génesis con Adán y hasta el Apocalipsis con los apóstoles, porque creemos que la alianza está vigente. El mediador del Pacto del Antiguo Testamento es el mismo mediador de la transición del Pacto al Nuevo Testamento: es Jesús, nuestro Señor, y por lo tanto hay continuidad y unidad. Tenemos la convicción de que la circuncisión era la señal visible del Pacto que era entregada a los padres, y por lo tanto en el Nuevo Testamento hay una continuidad de la revelación progresiva, una transición hacia un Nuevo Pacto.
En esta nueva dispensación, el “bautismo por autoridad divina vino a sustituir a la circuncisión para convertirse en señal inicial y en el sello del pacto de gracia”


Carlos Israel

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