Siguiendo nuestro marco referencial, consideremos lo que la CFW nos plantea acerca de la ministración los sacramentos en una iglesia viva y visible:
“Los sacramentos son señales y sellos santos del pacto de gracia, instituidos directamente por Dios, para representar a Cristo y a sus beneficios y para confirmar nuestra participación en él, y también para establecer una distinción visible entre aquellos que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo, y para obligarlos solamente al servicio de Dios en Cristo, conforme a Su Palabra. (…) Hay en cada sacramento una relación espiritual o unión sacramental entre la señal y la cosa significada (…) La gracia que se manifiesta en los sacramentos o por ellos, mediante su uso correcto no se confiere por algún poder que hay en ellos; ni depende la eficacia de un sacramento de la piedad o intención del que lo administra, sino de la obra del Espíritu, y de la palabra (…) Sólo hay dos sacramentos instituidos por Cristo Nuestro Señor en el Evangelio; y son el Bautismo y la Cena del Señor”
La confesión nos muestra claramente lo que significan los sacramentos, y da un especial énfasis al decir que son signos externos de una gracia real interna, sellos de un pacto de gracia instituidos por Cristo para nuestra santificación y beneficio, y para confirmar nuestra participación en comunión con Él.
Charles Hodge nos dice que los sacramentos son:
“(1) Ordenanzas instituidas por Cristo. (2) son significativos por su naturaleza: el bautismo de purificación; la Cena del Señor de alimentación espiritual. (3) se designo que fueran perpetuos. (4) fueron designados para significar, instruir, sellar y por ello confirmar y fortalecer; y comunicar o aplicar, y por ello santificar a aquellos que por la fe los recibe”
Es interesante la perspectiva de C. Hodge con respecto a los sacramentos puesto que él enfatiza el hecho de que son símbolos con “significados”, que representan una realidad interna y que a su vez se utilizan a modo de instrucción, de sello de confirmación y de fortalecimiento. En la perspectiva humana, son una verdadera fuente de renovación de la adoración en la comunidad del Pacto, lo cual también se ve reflejado en la misión de la iglesia.
Juan Calvino nos dice:
“Es una señal externa con la que el Señor sella la conciencia de su buena voluntad para con nosotros, a fin de sostener la flaqueza de nuestra fe, y de que atestigüemos por nuestra parte, delante de Él, de los ángeles y de los hombres, la piedad y reverencia que le profesamos”
Por lo tanto, como símbolos, los sacramentos se vuelven muy relevantes en el estudio de la revitalización de iglesias, ya que nos dan un marco referencial para la oxigenación de las congregaciones.
Justamente es éste un énfasis que debemos procurar, pues muchas veces pasamos por alto el realce que tiene cada símbolo en el sacramento, tal como afirma Francis Schaeffer al comentar que “históricamente, los Presbiterianos no le han dado demasiada importancia al bautismo. Sin embargo, si nunca lo enseñamos o predicamos, la gente olvida los hechos bíblicos sobre los cuales nuestra visión del bautismo descansa”
Por eso es tan importante darle el lugar apropiado, por ejemplo, a este sacramento.
Según la CFW, son sólo dos los sacramentos instituidos por Cristo: el Bautismo y la Santa Cena, los cuales serán nuestra línea de estudio desechando la idea de otros sacramentos en la vida de la Iglesia.


Carlos Israel

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