8 de noviembre de 2011

Las marcas distintivas de la comunidad cristiana.

Uno de los elementos relevantes para la tradición reformada es lo que encontramos y deducimos de la CFW: las marcas que atestiguan que una iglesia es verdadera.

“A esta iglesia católica visible ha dado Cristo el ministerio, los oráculos y los sacramentos de Dios, para reunir y perfeccionar a los santos en esta vida y hasta el fin del mundo; y por su propia presencia y espíritu, de acuerdo con su promesa los hace eficientes para ello. Esta iglesia católica ha sido más visible en unos tiempos que en otros. Y las iglesias específicas que son parte de ella, son más puras o menos puras, de acuerdo como se enseñe y se abrace la doctrina del Evangelio, se administren los sacramentos y se celebre con mayor o menor pureza el culto público en ellas”
En el presente estudio lo más importante es destacar aquello que la CFW llama “más puro en unos tiempos que en otros”. Somos llamados a administrar responsablemente las denominadas “marcas de la iglesia”, a saber: (1) La enseñanza y adopción del Evangelio; (2) La administración de los sacramentos; y (3) La celebración del culto público. 

La CFW nos señala que de acuerdo a cómo se administren estas características “específicas” en la iglesia local, se hará visible a la Iglesia. 

Ahora bien, un asunto interesante que apreciamos aquí es que –por causa del pecado– nunca existirá la perfección en la iglesia: el pecado trastocó todos los aspectos de la Humanidad, corrompiéndolos de manera temporal. Por lo tanto, debemos aceptar esta afirmación como una ineludible verdad: nunca encontraremos una iglesia “pura” o “perfecta”, por lo cual será imprescindible que comprendamos lo que realmente significa la pureza de la iglesia. 

Calvino y Lutero, los dos más grandes reformadores, señalaron lo siguiente al definir lo que es una iglesia verdadera:

“La declaración luterana de fe, que se llama confesión de Hamburgo (1530), definió a la iglesia como “la congregación de los santos en donde se enseña correctamente el evangelio y se administra apropiadamente los sacramentos” (Articulo 7). De modo similar, Juan Calvino dijo: “dondequiera que veamos la palabra de Dios predicada en su pureza y oída, y los sacramentos administrados conforme a la institución de Cristo, allí, no se debe dudar, existe la iglesia de Dios” (…) Su entendimiento de las marcas distintivas de una verdadera son muy similares”
Por lo tanto, la primera marca que debemos destacar es la correcta enseñanza y predicación de la Palabra de Dios, que crea una base sólida en la vida de la iglesia y en esta perspectiva, por consecuencia, la iglesia consolidará la glorificación a Dios, entregando todos sus dones a Su servicio y al servicio de la comunidad. Esta es su base principista o teológica, el punto de partida de todas de las marcas verdaderas de la iglesia, porque con una correcta doctrina tendremos por consecuencia una correcta ministración de los sacramentos y –por consiguiente– una adoración ferviente, todo lo cual muestra a la congregación como el pueblo de Dios. Tal como afirma John Stott: “La iglesia viva es una iglesia que está aprendiendo, una comunidad que estudia”
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