La CFW nos muestra una perspectiva interesante sobre la autoridad de la Palabra, señalando que “La autoridad de las Santas Escrituras, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente del testimonio de Dios (quien en sí mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas, porque son la Palabra de Dios”.
La Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino nos enseña sobre la verdadera fuente de autoridad de las Escrituras. Según él, las Escrituras son la única fuente de autoridad basada únicamente en el testimonio interno del Espíritu Santo, quien confirma en nuestros corazones su autenticidad. Podemos ver además que es Él mismo quien conduce a hombres comunes y corrientes a escribir las Sagradas Escrituras.
En la revitalización de las iglesias la única fuente de autoridad de la Biblia la encontramos en Dios, y sólo Él, a través la iluminación Espíritu Santo, nos hace interpretarla de una manera correcta. Esto es algo que permaneció en la CFW: es el mismo Espíritu quien da un testimonio interno de la autoridad de las Escrituras. En cuanto a esto Calvino afirma:
“Si queremos pues, velar por las conciencias, a fin que no sean de continuo llevadas de acá para allá cargadas de dudas y no que no vacilen ni se estanquen y detengan en cualquier escrúpulo, es necesario que esta persuasión proceda de más arriba que de razones, juicios o conjeturas humanas, a saber, del testimonio secreto del Espíritu Santo. Es verdad que si yo quisiera tratar de esta materia con argumentos y pruebas, podría aducir muchas cosas, de las cuales fácilmente probarían que si hay un Dios en los cielos, ese Dios es el autor de la ley, de los profetas y del evangelio”
De esta manera, la fuente de inspiración de las Escrituras es el testimonio secreto del Espíritu Santo, quien iluminó a los hombres elegidos por Dios para escribirlas.


Carlos Israel

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