16 de junio de 2011

LA VISIÓN CRISTIANA REFORMADA DE LA IGLESIA EN LA HISTORIA Y LA POSMODERNIDAD - PARTE 2

Como podemos apreciar, las cosmovisiones se mueven en aspectos que muchas veces ignoramos o que no manejamos. El valor de la cosmovisión es muy amplio y abarca completamente al ser humano.

En tercer lugar, podemos notar que las cosmovisiones tienen que ver con las creencias más básicas de las cosas: lo que nosotros podemos creer acerca de lo que estamos viendo tienen directa relación con la cosmovisión. Wolters nos aclara diciendo:

“Tienen que ver con los cuestionamientos últimos que nos confrontan; acarrean asuntos de orden general. Podría decir que tengo la firme creencia de que los Yankees ganaron la Serie Mundial de 1956; estoy tan seguro de mi creencia al grado de estar dispuesto a apostar una suma importante por ella. Esta clase de creencia no es de la clase que constituye una cosmovisión. Es diferente en el caso de asuntos morales profundos: ¿Está justificado el uso de la violencia en algunos casos? ¿Hay normas constantes para la vida humana? ¿Hay algún propósito en el sufrimiento? ¿Hay vida después de la muerte?”[1]
Podemos apreciar que la cosmovisión actúa de manera que podamos cuestionarnos y, no sólo eso, sino ir a través de estos cuestionamiento para llegar a repuestas en las que podamos fundamentar nuestra vida. Ésta es la cuestión final en la explicación de Wolters, ya que las creencias más básicas nos brindan un patrón o un marco referencial por el cual conducir nuestras vidas. Él declara:

“Las creencias básicas que uno sostiene tienden a formar un marco de referencia o patrón; están interrelacionadas de cierta manera. Es por ello que los humanistas a menudo hablan de un “sistema de valores”. Todos reconocernos, al menos en cierto grado, que debernos ser consistentes en nuestros puntos de vista si queremos que se nos tome con seriedad. No adoptamos un conjunto arbitrario de creencias básicas incoherentes, o aparentemente inconsistentes. Ciertas creencias básicas están en desacuerdo con otras. Por ejemplo, la creencia en el matrimonio como una ordenanza de Dios no concuerda bien con la idea de un divorcio fácil. La convicción de que las películas y el teatro son esencialmente “diversiones mundanas” no se conforma al ideal de una reforma cristiana de las artes. La creencia optimista en el progreso histórico es difícil de armonizar con la creencia en la depravación del hombre.”[2]
Esto no quiere decir que las cosmovisiones tengan inconsistencia, afirmar esto sería un grave error, porque las cosmovisiones funcionan al interior de las mentes de la personas y las personas varían de manera lógica, ya que son personas que están constantemente enfrentadas a muchas situaciones y asumiendo un sinnúmero de informaciones, que crean patrones de manera indefinida.

Las personas están constantemente luchando por las respuestas que le darán sentido a este mundo. Suelen estar desesperadas, y en sus actos de desesperación pueden llegar al suicidio cuando no pueden comprender la visión del mundo. En otras palabras, por no encontrarle sentido a su vida desde una verdadera perspectiva, hay una necesidad tremenda en cada persona de unificar el pensamiento y la vida; la necesidad de distinguir la vida buena de la mala y encontrar esperanza y sentido en toda la vida.
Pero no basta sólo con tener una cosmovisión o un entendimiento del mundo o de cualquier sistema, es imprescindible, para ser sentirse bien como persona, una visión más excelente que cualquier visión que pueda entregar este mundo, y esta es la cosmovisión bíblica: la visión que Dios tiene de Su mundo.

Las cosmovisiones son parte de nuestras vidas a tal punto que están para ser vistas y oídas diariamente, reconozcámoslas o no. Por ejemplo el cine, la televisión, internet, la música, las revistas, los diarios, el gobierno, la educación, la ciencia, el arte y todos los otros aspectos de la cultura son afectados por las cosmovisiones del mundo, en tanto son ideologías. O sea, lo que determine el hombre desde su cosmovisión es lo que el hombre estará recibiendo por éstos y otros medios más.

Por lo tanto es muy importante, en la búsqueda de la revitalización eclesial, saber bien con qué ojos estamos respondiendo a la exigencia de la cultura actual. De aquí deriva la necesidad de una cosmovisión cristiana y reformada del mundo. Respecto a este asunto, Abraham Kuyper nos señala:

 “Por lo tanto, la primera reivindicación exige que un sistema de vida como ese encuentre su punto de partida en una interpretación especial de nuestra relación con Dios. Esto no es secundario, sino imperativo. Si una acción como esa está para poner su marca sobre toda nuestra vida, él debe partir de aquel punto en nuestra conciencia en la cual nuestra vida aún no está dividida y se encuentra comprendida en su unidad –no en las viñas que se desparraman, sino en la raíz de la cual las viñas nacen. Ciertamente, ese punto se encuentra en la antítesis entre todo lo que es finito en nuestra vida humana y el infinito que se encuentra más allá de ella. Solamente aquí encontramos la fuente común de la cual los diferentes cursos de nuestra vida humana nacen y se separan. … Los movimientos en la Historia, por lo tanto, que no nacen de esta fuente más profunda, son siempre parciales y temporales, y sólo aquellos actos históricos que se originan de esas profundidades más bajas de la existencia personal del hombre abrazan toda la vida y poseen la permanencia requerida.”[3]
Lo primero que debemos hacer para tener una correcta compresión del mundo es tener una relación con el Señor del mundo, con nuestro Dios. Como señala Kuyper, nuestras vidas deben converger en un sólo punto, deben desembarcar en un sólo puerto, y este puerto es Dios en su infinitud.

Nuestras vidas no deben estar divididas en dos, no podemos ser esquizofrénicos espirituales de ninguna manera ante la amenaza inminente de la Posmodernidad en nuestras vidas. Es necesario tener una cosmovisión reformada, que sustente nuestras bases para la lucha por la restauración de nuestro mundo, de la sociedad en la que vivimos.

Colson nos dice lo siguiente acerca de la cosmovisión:

“La visión de mundo parece abstracta o filosófica, un tema de conversación para profesores en entornos académicos muy cómodos con sus trajes de tweed mientras fuman cigarros. Pero la realidad es que la visión del mundo que tiene una persona es algo verdaderamente practico, es la sumatoria de las cosas que creemos en cuanto al mundo, es la imagen total que tenemos del mundo y que rige nuestras decisiones y acciones cotidianas, y comprender nuestra visión del mundo se hace crucial”[4]
  La cosmovisión determina lo que somos, lo que creemos, cómo lo creemos, y con ello incluso las consecuencias de nuestros actos. El hecho de nosotros ser reformados quiere decir que provenimos de los padres de la fe que protestaban por las mentiras del Catolicismo romano, quienes volvieron a poner en el centro la Palabra de Dios, para lograr hacer reestructurar de una  importante manera la Iglesia, desde el siglo XVI en adelante. 

De ahí la importancia de una cosmovisión reformada del mundo. Esta cosmovisión busca a Dios como el centro y desde esa perspectiva podemos ver el mundo y lo que Dios exige de él. Esto no es un juego: ésta es la vida de un cristiano, todo pasa por esto.

Calvino señaló:

“A aquellos que piensan que los filósofos tienen un sistema mejor de conducta, les pediría que nos muestren un plan más excelente que el de obedecer y seguir a Cristo”[5].



[1] Ibíd. p. 6
[2] Ibíd. pp. 6-7
[3] Abraham KUYPER,. Calvinismo. pp. 28-29
[4] Charles COLSON, & Nancy PEARCEY,. Y ahora… ¿Cómo viviremos? pp. 23-24
[5] Juan CALVINO, El libro de oro de la verdadera vida cristiana. pp. 14

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