18 de enero de 2012

Los desafíos de la revitalización eclesial en el Siglo XXI

Uno de los grandes problemas que acontecen en el presente siglo es el estancamiento intencional de muchas iglesias, como si el tiempo que ha pasado y los cambios que han sucedido no hubieran sido conducidos por el Dios de la Historia. Algunas veces las iglesias buscan seguridad en la sombra, pero la cultura actual cambia día a día, y nos plantea a nosotros –reformadores– cada vez más desafíos para la contextualización de las iglesias.
Para comprender el desafío de la revitalización de la iglesia en el Siglo XXI es necesario comprender cómo ha cambiado nuestra sociedad.

Podemos ver nuestro mundo de dos maneras diferentes, y tenemos una primera visión de nuestra cultura occidental: la Modernidad, que aún impera en nuestras sociedades occidentales, pero está decayendo y muriendo. 


Un mundo en transición
Al hablar acerca de este tema innegablemente debemos aceptar que vivimos en una época de transición, de cambios que nos llaman la atención. Nuevas formas de abordar el conocimiento o nuevos paradigmas, que nos crean tensiones; cambios culturales que impactan nuestra manera de pensar y de actuar. En esta transición algunos vienen de la modernidad, otros han crecido con la sensación del fin de algo que llamamos Modernidad, y de estar en una nueva era, a la que se va denominando Posmodernidad. Hay quienes han tenido que adoptar una cultura completamente distinta y forjar una cultura híbrida[1], entre moderna y posmoderna. Han tenido que aprender a “entrar y salir de la modernidad”. Esta gran transición ha obligado a producir grandes cambios a nivel social.

El término Modernidad se atribuye al destacado filósofo Hegel. Él habría usado el término, inicialmente, para referirse conceptualmente a una época. “Las expresiones: “época moderna”, “neue Zeit”, “modern time” o “temps modernes” sirvieron para marcar un determinado momento histórico en las principales lenguas del mundo civilizado”[2].

Según Antonio Cruz, esta época “frente al oscurantismo medieval se abriría con grandes cambios que afectarían a todas las relaciones entre el ser humano y el mundo”[3]. De esta manera, los cambios producidos en la sociedad van a ser muy importantes, marcando una era de evolución del pensamiento y las estructuras a nivel social.

Estos cambios en la sociedad son presentados por Cruz de la siguiente forma:

“A nivel político tiene el nacimiento del estado moderno entendido como un poder centralizado y absoluto. A nivel social económico se produce la consolidación de la vida urbana, el desarrollo del capitalismo y el consiguiente fortalecimiento de la burguesía como clase social. La economía se convierte en productora de relaciones sociales robándole este papel a la religión. La vida social se polariza alrededor de dos instituciones: la tecno-economía y la burocrático-administrativa. La expansión colonial del siglo XVI y el encuentro con nuevas civilizaciones alentarán los deseos de conquista y dominio del mundo. A nivel cultural y científico hay una vuelta al ser humano que se revela con el desarrollo del humanismo en sus diversas manifestaciones artísticas y la revolución científica del siglo XVII”[4].

Todo parece indicar que de la Modernidad vivimos casi nada, y lo que alcanzamos a vivir de la Modernidad en nuestros tiempos son sólo sus recuerdos, memoria de vivencias que pretendemos revivir. En otras palabras, estamos viviendo la decadencia de la Modernidad. Por mucho tiempo los filósofos vienen indicando o profetizando, por así decirlo, la muerte de la Modernidad y el nacimiento de una nueva época que han hecho llamar Posmodernidad o Modernidad tardía.

Para comprender de mejor manera lo que estamos señalando, ofrecemos la caracterización que nos ofrece Theo G. Donner, en su libro “Fe y Posmodernidad”:

“La sociedad premoderna sería aquella donde aún priman los valores de la religión, de la familia, de las tradiciones. Es la sociedad en que la iglesia (católica Romana) todavía goza de una autoridad indiscutible.
La sociedad moderna es aquella que cuestiona las autoridades tradicionales y costumbres recibidas. Se caracterizan por la secularización, la democracia y el desarrollo económico. Sus valores son el humanismo, la ciencia y el progreso.
La posmoderna representa el cuestionamiento de los valores modernos. Es la cultura de los medios de comunicación, sobre todo lo de la televisión. Representa un relativismo absoluto frente a los valores recibidos –pero es, a la vez, mucho más abierta a la religión, como se puede observar en el fenómeno de la nueva era. La posmodernidad se caracteriza por el nihilismo, el hedonismo y el consumismo: no hay valores absolutos, lo único que importa es mi propio gusto y placer, y vivimos para consumir –para disfrutar de la sociedad de consumo” [5]
Como podemos ver, los cambios a nivel sociocultural que afectan a nuestro mundo son importantes. La manera en que un hombre pre-moderno, un moderno o un posmoderno miran un acontecimiento se ve afectada por la evolución de su cultura y por la innovación de su cosmovisión, haciéndose muy complicado el hecho de presentar una verdad o un hecho concreto, ya que son perspectivas totalmente diferentes. Así, entendemos que nuestro mundo está cambiando, y no podemos negarlo.

El debate de los que defienden la Modernidad ante el Posmodernismo es simple: los sucesos o los hechos que están aconteciendo en nuestro mundo anuncian que la Modernidad va quedando en el pasado y que estamos viviendo una era distinta. Algunos pretenden o creen seguir viviendo en la Modernidad, porque algunas de nuestras sociedades son vistas como recién saliendo de la pre-modernidad, que desde la mundialización convive con lo moderno y lo posmoderno.

Para definir la realidad de este cambio, y contrapesar estas discusiones con argumentos conceptuales firmes, es necesario hacer un análisis de las dos visiones de mundo, de forma que sea posible identificar de una mejor manera cuáles serían los cambios y en qué medida afecta todo esto a nuestras sociedades y especialmente al hecho de ser iglesia en esta transición, que busca revitalizarse en la Modernidad sin la conciencia de estar viviendo en la Posmodernidad.


[1] “Entiendo por hibridación procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas
discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas”, Ver Néstor García CANCLINI,. Culturas híbridas, En <http://www.hist.puc.cl/iaspm/pdf/Garciacanclini.pdf> [consulta: 8 noviembre 2009]
[2] Antonio CRUZ,. Postmodernidad., España, 1996. pp. 16
[3] Ibíd. pp.16
[4] Ibíd. pp.16
[5] Theo G. DONNER. Fe y Posmodernidad. pp. 36 

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