La Iglesia del Siglo XXI se presenta bajo un cambio de paradigma cultural y frente a esto los desafíos han ido en aumento a lo largo de los años. Estamos insertos en esta cultura y para poder ser iglesia es necesario comprender y asimilar el cambio cultural, tal como lo dice Moltman: “Dado que la cristiandad se encuentra implicada en procesos económicos, sociales, políticos y culturales, la iglesia no puede entenderse a sí misma si no entiende su misión y su esperanza en relación con estos procesos mundiales”[1].
Es justamente por esto que la iglesia, en su búsqueda de revitalización, tiene un rol muy importante en la comprensión de este contexto cultural para asumir con cabalidad su misión como cuerpo de Cristo, tal como los reformadores lo expresaron en la formula “ecclesia reformata semper reformata” (La iglesia reformada siempre siendo reformada).
Es de mucha relevancia hacer un análisis contextual ante este fenómeno cultural llamado Posmodernidad, que más que una amenaza inminente al Cristianismo representa una oportunidad innegable de llevar a cabo nuestra misión en el mundo que conocemos, de manera integral.
Sin embargo, nuestra iglesia se ha influenciado fuertemente con la Posmodernidad, llegando a un punto complicado dentro de su identidad. Theo Donner lo explica de la siguiente manera:
“La iglesia en América Latina es particularmente susceptible al impacto de la Posmodernidad. Por lo general es una iglesia sin sentido histórico. Es una iglesia amnésica, sin memoria de sus propias raíces, y, por lo tanto, se encuentra en una permanente crisis de identidad. Esta iglesia se caracteriza, muchas veces, por una sospecha de la teología a favor de la práctica; por la pérdida de los distintivos denominacionales y la proliferación de la iglesia independiente; por vulnerabilidad a las olas, modas y herejías que nos llegan por la globalización; por la acogida de nuevos estilos exegéticos” [2]
Es interesante lo que el autor nos está mostrando, pues la crisis de la iglesia en la Posmodernidad es justamente el hecho de no saber cuáles son sus raíces, de no comprender la cosmovisión que rodea al Cristianismo actualmente. De ahí la importancia que va teniendo la reflexión sobre la cosmovisión cristiana, es decir, la idea de Dios, del ser humano y del cosmos. Buscamos ser una iglesia que se expresa en la cultura actual entendiendo nuestra identidad reformada. Debemos tener un diálogo cultural entendiendo nuestra cultura y a la iglesia en esa cultura, en los parámetros normativos de la Escritura.
Las cosmovisiones funcionan en una forma muy parecida a los anteojos o lentes de contacto. Es decir, la cosmovisión es importante porque son los anteojos que nos harán ver de una determinada manera el mundo en que vivimos, y de esa manera nos llevarán a encontrarle sentido adecuado a vivir en esta sociedad, o a cualquier tipo de sentido para existir, o para no existir.
Se ha ofrecido una variedad de definiciones por numerosos autores. Por ejemplo, James Sire afirma que "una cosmovisión es un conjunto de presuposiciones (o premisas) que sostenemos (consciente o inconscientemente) acerca de la constitución básica de nuestro mundo"[3]. Phillips y Brown dicen que "Una cosmovisión es, ante todo, una explicación y una interpretación del mundo y, segundo, una aplicación de esta visión a la vida. En términos más simples, nuestra cosmovisión es una visión del mundo y una visión para el mundo"[4]. Walsh y Middleton tienen una explicación más concisa y comprensible diciendo que "Una cosmovisión provee un modelo del mundo que guía a sus adherentes en el mundo"[5].
Es interesante la definición que nos da Albert Wolters, quien afirma:
“El término cosmovisión es la traducción al español del término alemán Weltanschauung. La ventaja de usarlo es que uno puede claramente distinguirlo del término “filosofía” (al menos en alemán) y de ser menos engorroso que la frase “visión del mundo y de la vida”, la cual preferían los neo-calvinistas neerlandeses (…). Un sinónimo aceptable es “perspectiva de la vida” o “visión confesional”. También podríamos hablar más vagamente acerca del conjunto de los “principios” o “ideales” de una persona. Un marxista lo llamaría “ideología”; un término más prevaleciente en las ciencias sociales seculares hoy en día es probablemente “sistema de valores”. Estos términos ni siquiera son aceptables porque contienen en sí mismos connotaciones de determinismo y relativismo que proyectan una cosmovisión inaceptable.”[6]
Por lo tanto, para Albert Wolters la cosmovisión es el marco referencial más global de las creencias más básicas que uno tiene de las cosas. Esta definición es muy elevada, ya que nos muestra que la visión del mundo de manera global va a afectar directamente las decisiones que tomemos y hasta las más mínimas reacciones que tengamos como individuos.
A continuación, explicaremos la definición con sus más grandes rasgos, con la finalidad de tener un marco mucho más amplio de lo que significa la cosmovisión.
En primer lugar, según Wolters, la palabra “cosa” de su definición es inapropiada para definir cosmovisión, es por eso que es bueno aclarar que para Wolters el término “cosa” es la referencia al sentido más general imaginable, que abarca el mundo, la vida humana en general, el significado del sufrimiento, el valor de la educación, la moralidad social, y la importancia de la familia. Aún Dios puede en este sentido estar incluido entre las “cosas” acerca de las cuales tenemos creencias básicas[7].
En segundo lugar, la cosmovisión trata netamente de las creencias que afectan al individuo. Según Wolters:
“Las creencias son diferentes de los sentimientos u opiniones porque hacen una “afirmación con valor cognitivo”—esto es, una afirmación sobre algún tipo de conocimiento. Diría que, por ejemplo, “creo” que la educación es el camino a la felicidad humana. Esto significa que hago una declaración acerca de la manera en que las cosas son, acerca de la naturaleza del caso. Estoy dispuesto a defender esta creencia con argumentos. Los sentimientos no pretenden ser portadores de conocimiento, ni tampoco se pueden discutir. (…) Las creencias tampoco son opiniones ni hipótesis”[8]
CONTINUARA....


Carlos Israel

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