24 de mayo de 2011

La Modernidad como sistema de vida

Es ésta la época donde el hecho de ser modernos va a ser un valor determinante para la sociedad. Esta es una vivencia histórica, que no da lugar a una opción. Sin embargo, la cultura que vamos dejando la sentimos como un mandamiento divino de ser modernos, que vamos viendo se queda en el camino.  Por otro lado, si esta era pone fin a las utopías sociales, es también un tiempo para los actos de fe:

“El ser humano, con la fuerza de la razón, se creyó autónomo e independiente. Ya no era necesario recurrir a los mitos para explicar los misterios de la naturaleza. Se confiaba en lo que la ciencia solucionaría todos los problemas del hombre y acabarían con la ignorancia y la servidumbre de los pueblos, se creía que las “supersticiones” religiosas dejarían de ser las muletas de la Humanidad. La idea de progreso histórico fomentó la fe en un mundo cada vez mejor y más feliz. Todos los hombres modernos veían con entusiasmo y esperanza la gran marcha de la historia”[1].
Podemos notar que todos los elementos en los que tiene puesta su fe el hombre moderno, han sido escogidos como tales porque él mismo debe o puede intervenir; incluso respecto a su fe en Dios, ya que los que siguen un pensamiento autónomo e independiente de la revelación o de la tutela de la iglesia, no contentos con la influencia de la Reforma Protestante pasaron a crear un nuevo tipo de teología, la escolástica racional presuposicionalista, positivista proposicional. En su crítica a la Modernidad, el Posmodernismo abandona la exclusividad de la racionalidad positivista. Estos pensadores introducen la posibilidad de la subjetividad en el conocimiento, lo que la modernidad deísta rechaza.

La Modernidad, además de todo lo anterior, pretendía hacer creer que todos los individuos poseían o podían tener a su alcance la habilidad para descubrir de manera racional y lógica la verdad para, de este modo, aplicarla a su vida cotidiana.

Se partía de la base de que el conocimiento podía tener las siguientes características:

·      Ser cierto: es decir, correcto y absoluto de forma esencial.
·      Ser objetivo: es decir, visto y analizado al margen de la personalidad.
·      Ser bueno: es decir, la ciencia y el conocimiento combinados tendrían un poder liberador y restaurador del ser humano.
Observemos que en la Modernidad claramente es el hombre el centro del universo y esto se configuró como uno de los más claros rasgos de la cultura moderna. En ese sentido, hay que señalar que “el hombre moderno transfirió varias cosas para andar encima del campo no racional, en una tentativa desesperada de tener alguna perspectiva optimista en cuanto al sentido de la vida y en cuanto a los valores”[2].


[1] Antonio CRUZ,. Óp. Cit. pp. 22
[2] Francis SCHAEFFER, Como Viviremos? pp. 115 

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