5 de abril de 2011

Una Iglesia Reformada y Revitalizada

Con la expresión “iglesia reformada” nos referimos a una iglesia que decide ser más bíblica, más Cristo-céntrica, menos clerical y para nada confiada en sus propios méritos. Una iglesia, pueblo de Dios, que toma en Jesucristo el camino de un discipulado, que habría de cambiar la historia y que el siglo XVI, decaída y maltratada, decide reformarse y revitalizarse. La iglesia en la Reforma toma un protagonismo muy grande al convertirse en un movimiento cristiano protestante.
Cuando nos vamos identificando con la iglesia reformada, vemos grandes principios que llevaron a la revitalización de la Iglesia en parte de Europa, tal como nos muestra Christian A. Schwarz:



“Cuando utilizo el término reforma, quiero aclarar mi convicción de que la idea no es borrar de un plumazo 2000 años de historia de la iglesia y crear algo totalmente nuevo. Sería bueno que nos identificáramos con los grandes movimientos reformadores que han tenido efectos duraderos en la historia de la cristiandad. Lo que necesitamos hoy –y así entendiendo yo el desarrollo natural de iglesias– es nada menos que la aplicación de los principios de la reforma a la situación actual”[1]
Para Schwarz la revitalización de iglesias ocurre cuando no olvidamos nuestras raíces históricas, pues no podemos negar dos mil años de historia y pretender buscar hacer una “nueva” iglesia. La realidad es que muchos se esforzaron de maneras inimaginables para tener una revitalización de aquella Iglesia que estaba alicaída. De esta forma, es imprescindible conocer los efectos de la Reforma para poder comprender cómo se articula su mensaje en la revitalización de la iglesia en el siglo XXI.

Para los cristianos una de las grandes revoluciones de las que somos herederos es la Reforma del siglo XVI, donde se produjeron impresionantes cambios a nivel socio-religioso y político, entre otros, pero sobre todo a nivel de la espiritualidad congregacional. La separación del dominio de la jerarquía de la Iglesia Católica Apostólica y Romana[2], que gradualmente había perdido la centralidad de la Palabra de Dios, fue una recuperación en lo cotidiano de la vitalidad de la iglesia. Juan Wehrli nos describe las consecuencias de aquella pérdida de la autoridad de la Escritura:

“Los mil años trascurridos desde el siglo V hasta el siglo XV se caracterizaron por la pérdida gradual de los principios apostólicos dejados por Jesucristo y los Apóstoles. Diversas influencias de origen pagano así como la ignorancia en la cual se sumergió la cultura europea tras la caída del imperio Romano de Occidente, permitieron que la fe cristiana gradualmente se tornara superficial, supersticiosa y lejana a las enseñanzas bíblicas”[3].
Casi fue un desastre lo que ocurrió en el siglo XVI, por lo que tanto la revitalización como el cambio de paradigma se hizo imprescindible. El acercamiento a la Biblia, la apertura a escuchar la voz de Dios, el posicionar a Cristo en el centro de todo el desarrollo de la Iglesia vino a ser en la vida de la personas uno de los grandes desafíos que presentó la Reforma.
Vemos claramente que los reformadores no querían formar una nueva iglesia, sólo querían revitalizarla. Sus esfuerzos apuntaron al objetivo de volver a ser una iglesia bíblica, para lo cual debían traducir las Escrituras a un lenguaje sencillo, escribir comentarios de los libros de la Biblia, casi verso por verso, y animar a vivir de acuerdo a esa Palabra de Dios. Con respecto a este tema, Alister McGrath afirma lo siguiente:

“Uno de los periodos críticos de la teología cristiana se inició en el Siglo XVI. El estilo de la teología cristiana asociado a la Edad Media daría lugar a nuevos paradigmas. El acontecimiento más relevante fue la Reforma, un movimiento que procuró conducir a la Iglesia occidental a fundamentos más bíblicos para su sistema de creencias, moralidad y estructura”[4].
Tal como lo expresa McGrath, la Reforma llega en un contexto donde la Iglesia necesitaba urgentemente una oxigenación, una revitalización, y la única manera de lograrlo era volviendo a sus orígenes, volviendo a su raíz, la cual se había contaminado con los pensamientos y gustos personales de los hombres que la lideraban.

Por lo tanto, era necesario manifestar la increíble incongruencia que la Iglesia presentaba respecto a las Escrituras, y fue precisamente esta realidad la que los protestantes evangélicos comenzaron a corregir, en una tarea que aún continúa. Tal como lo afirma Heber Carlos de Campos, a partir de la recuperación de la autoridad de las Escrituras la Reforma inició una depuración de la teología:

“La Reforma es el descubrimiento de la verdad bíblica que conduce a la purificación de la teología. Ella envuelve el redescubrimiento de la Biblia como el juez y guía de todo pensamiento y acción; ella corrige errores de interpretación, ofrece precisión, coherencia y valentía para la confesión doctrinaria: le da forma y energía a la adoración corporativa del Dios trino”[5].
Esta comprensión es primordial, porque la verdadera reforma o revitalización de una iglesia comienza volviendo a los rudimentos de la fe bíblica, así como señala De Campos:

“El norte de una reforma dentro de la iglesia de Dios está, incuestionablemente, relacionado a la vuelta de los principios sanos de la fe y práctica, propuestos por la Santa Escritura. La fe tiene que ser fundamentada en una conciencia cautiva a la palabra, para que la verdadera reforma acontezca en nuestro medio”[6].

De esta manera observamos que este tema no es de menor importancia ni mucho menos un tema desactualizado: la verdadera Reforma se experimenta en iglesias rendidas a la Palabra de Dios. Esto lo entendieron muy bien los reformadores, de ahí el valor de su lucha y sufrimiento que tanto recordamos.


[1] Christian A. SCHWARZ, Cambio de Paradigma en la Iglesia. pp. 12
[2] De aquí en adelante, ICAR.
[3] Romo WEHRLI,. Martín Lutero y Juan Calvino: su obra en la iglesia evangélica hasta hoy, p.9
[4] Alister McGRATH,. Teologia Histórica: Uma introdução à Hitoria do Pensamento Cristão. pp.175
[5] Herber Carlos DE CAMPO,  Crescimento de Igreja: Com Reforma ou com Reavivamento? <http://www.thirdmill.org/files/portuguese/46685~9_19_01_10-05-11_AM~heber7.htm> [Consulta: 4 Noviembre 2009]
[6] Ibid.

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