12 de abril de 2011

Tres Factores de la Reforma en la Revitalización Eclesial Contemporánea


Por medio de la recuperación de la Biblia por parte de los reformadores, mediante la traducción al idioma del pueblo y su acercamiento a las personas para su lectura, comenzó toda una reformulación de las verdades que hasta ese momento habían predominado en el mundo del siglo XVI. Surgieron numerosos cuestionamientos, como por ejemplo: ¿Cuál es la verdadera esencia de la vida? ¿Cómo una persona llega al cielo? ¿Qué es verdaderamente la iglesia y de dónde nace su autoridad? Los reformadores, como principales cuestionadores de la ICAR, formularon respuestas y pilares fundamentales en el proceso de Reforma en contra de sus enseñanzas.
Teológicamente, se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos: (1) La justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide); (2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura, tota scriptura); y, (3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Adicionalmente, tenemos otro postulado, crucial, que muchas veces se olvida: (4) "iglesia reformada siempre reformándose" (ecclesia reformata semper reformanda).

Estos aportes teológicos más tarde serían el pilar fundamental de la doctrina de la Reforma Protestante, y –además–un motor en la revitalización de la Iglesia de Occidente, ya que la Reforma fue un movimiento liberador en todas las dimensiones posibles.

 La Sola Scriptura nos libera del autoritarismo dogmático
La marca fundamental de la Reforma es la recuperación de la autoridad de la Escritura, enfatizando “solo escritura”. Esto representó y manifestó un rechazo al “autoritarismo dogmático” de la Iglesia, y fue una confrontación tajante al Papado y al Magisterio del Catolicismo romano. De esta manera, observamos la forma en que la Escritura tiene un impacto e importancia central en el espíritu de la Reforma.

La vida de los reformadores refleja el intento por un apego absoluto a las Escrituras al hacer teología. Lutero, por ejemplo, en la Dieta de Worms se compromete tanto con este espíritu que llega a decir:  
“Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.  Si no se me demuestra por las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude. Amén”[1].
Lutero logra un punto culminante en la posición de las Escrituras como única fuente de autoridad, ya que este principio necesariamente relativiza toda la estructura, el magisterio y la autoridad del Catolicismo romano.  Esto afirmó y enseñó que ninguna persona puede imponer su pensamiento sobre la conciencia de las demás personas; sólo las Escrituras tienen poder y autoridad para anteponerse a nuestra conciencia, ya que son la Palabra de Dios, revelada y poderosa, por lo que ésta es la única autoridad para los creyentes.
“¡Qué palabras de libertad teológica!  Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para "examinarlo todo" a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero. (…) Por las Escrituras y por la gracia redentora de Dios, somos libres de cualquier otra autoridad que pretendiera imponerse sobre nuestra conciencia”[2].
Solamente Dios es absoluto y Su Palabra es una brújula que dirige nuestra conciencia; por lo tanto, sólo Su Palabra tiene verdadero realce a la hora de la decisión. Ningún magisterio eclesial ni maestro, por convincente que sea, ni aún la propia teología  tiene autoridad como la Palabra, ya que sólo ella es fiel y absoluta para regir en cualquier término. Nada se sobrepone a ella y ningún autoritarismo dogmático puede ejercer y no debiera ejercer ningún tipo de dominio sobre nosotros. La Palabra nos hace esclavos de ella misma y no de conclusiones humanas, pues están contaminadas por el pecado.

“En la lucha de los reformadores contra el papismo de la iglesia Católica Romana, podía haber sido una táctica conveniente para argumentar basándose en un enfoque fundamentalista de la biblia. Señal de la preocupación genuina de Lutero por la verdad es que él, que apelaba de forma tan radical al principio sola scriptura y que cita las Escrituras como única “arma” contra sus oponentes clericales, no se dejó llevar hacia un punto de vista autoritativo-fundamentalista de las Escrituras”[3].
Podemos apreciar el principal interés de los reformadores por dar exclusiva superioridad a las Escrituras, pues son la verdadera autoridad que no ha sido contaminada. Cuando nuestra conciencia es cautiva de la Palabra de Dios, no podrá ser nunca cautiva de tradiciones ni de autoridades humanas que pretendieran colocarse al nivel de, o incluso por encima de, la Palabra de Dios. La Sola scriptura: ¡mensaje de auténtica libertad evangélica para la conciencia de todos los cristianos hoy también![4]


[1] Ibíd.
[2] Ibíd.
[3] Christian A. CHWARZ. Óp Cit. pp. 104-105
[4] Juan STAM. Óp. Cit. 

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