Una perspectiva muy importante que encontramos en la teología de la Reforma es la necesidad de volver y sentirnos seguros, por la declaración de la Escritura, sobre el absoluto regalo de la salvación de los hombres por Dios a través de Jesucristo. Regalo por lo demás inmerecido, pero dado por un gran Dios de amor.
La justificación del pecador creyente, según las Escrituras, es la obra por la que Dios declara que aquella persona pecadora está en una posición correcta ante Él; no en los principios de su propio mérito, porque no tiene ninguno, sino solamente en los principios de lo que Jesucristo ha hecho por él muriendo como su sustituto en la cruz. Jesucristo tomó el castigo de todos nuestros pecados en Él y murió para pagar nuestro castigo por ellos[1].
La palabra justificación proviene del latín justificare, compuesto de dos palabras, que significa “hacer justo”. Justificar en el sentido bíblico es ejecutar una relación objetiva –el estado de la justicia– mediante sentencia judicial.
“La justificación puede ser definida como el hecho gracioso y judicial de Dios por el cual el declara justo a los pecadores creyentes, en la base de justicia de Cristo que ella es acreditada, personando sus pecados, adoptándonos como hijos y dándonos derecho y vida eterna”[2].
A diferencia de los otros actos del orden de la salvación, la justificación no cambia la vida intima de la persona, no afecta su condición, pero sí su estado[3]. Este convencimiento se reafirmó por el estudio de las Escrituras.
Notemos que cuando Martín Lutero abordó este tema afirmó que se le abrieron las puertas del Paraíso, porque encontrar este amor tan grande del Padre lo llevó a la comprensión del Dios maravilloso detrás de las Escrituras y no el Dios iracundo y maquiavélico que el Catolicismo romano mostraba en el siglo XVI.
Esta doctrina de la justificación por la gracia significó para Lutero su liberación completa y absoluta de la esclavizante doctrina de la ley traducida en obras como paso previo para obtener la salvación. Debemos recordar que en esta época todo giraba en torno a eso, y que Lutero encontrase en las Escrituras la verdad de que la salvación es por la fe, fue un estremecimiento en sus convicciones, las que probablemente por sus estudios teológicos eran muy fuertes y difíciles de contradecir. Así, Lutero vivió en carne propia el derrumbe de las convicciones más profundas, lo cual fue claramente liberador.
“Para Lutero, esta "libertad del evangelio" estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado "de ser un obispo, para convertirse en un dictador" Era imperativo restaurar "nuestra noble libertad cristiana", pues "se debe permitir que cada persona escoja libremente”[4].
Pero notemos que este no fue un problema de la Reforma solamente y específicamente del Catolicismo romano: podemos observar constantemente en el Nuevo Testamento la lucha que existía de los fariseos, celosos por guardar las leyes de una manera legalista, basándose en la autosuficiencia de los méritos propios, quedando encarcelados en un círculo vicioso, siempre tratando de alcanzar su propia auto-justicia.
“El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, "no por obras, sino para buenas obras" (Ef. 2:8-10). La gracia (káris) de Dios despierta nuestra gratitud (eukaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido. De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideísmo y de la "gracia barata" de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe”[5].
De esta manera, podemos ver un principio liberador en la Reforma hacia la libertad de hacer el bien, pero sin el objetivo y la presión constante de vivir en buenas obras para nuestra salvación.


Carlos Israel

Posted in:
0 comentarios:
Publicar un comentario